Spanish Ministry

Jul 15, 2010 12:00am
Author: Esther E. Habib

Spanish Ministry

Vestido de Bodas

 

Cuarta Lección

          Esta es la cuarta y última lección en la serie.  Esperamos que hayan bajado a sus computadoras las anteriores para que las puedan leer y talvez repasar como una unidad pues son basadas en una sola parábola, la parábola de la fiesta de bodas según Mateo 22:1-14. 

 

Introducción

       En la lección anterior pusimos nuestros ojos, como el Rey lo hizo, en la vestimenta de los que asistieron a las bodas.  Explicamos qué significa no estar vestido de bodas,  qué es el vestido de bodas, y cómo somos vestidos con él.  En esta lección aprenderemos el hecho de que es posible entrar hasta la misma sala de bodas—así como es posible ser parte de la iglesia “visible”—pero estar totalmente engañados acerca de nuestra entrada en el reino de los cielos.  También veremos la realidad del juicio de Dios, tanto como la del llamamiento que Dios hace estrictamente conforme al “designio de su voluntad.”  Como preparación para esta nueva lección, favor leer todo el pasaje Bíblico:  Mateo 22:1-14.

 

Lección de Hoy

          El juicio de Dios - Mateo 22:13

        Observemos cuidadosamente que el invitado llegó hasta la misma sala de bodas, casi hasta las bodas mismas.  ¿Es posible que se pueda llegar hasta ese momento y estar convencido que estamos apropiadamente vestidos y que participaremos de las bodas?  Mateo 7:22-23 dice, Muchos [observen, no serán pocos] me dirán:  Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé:  Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”  Fíjense que ellos estaban convencidos que sus “buenas obras” les permitirían entrar en el reino de los cielos.  Sin embargo, el Señor les dice decididamente que ellos eran “hacedores de maldad.”  Profetizar, echar fuera demonios, y hacer milagros—nosotros tendríamos una lista diferente—no son malas obras en sí mismas.  La razón porque son malas es porque el que las hace es pecador.  Aquí es bueno recordar lo que hemos estudiado en lecciones pasadas.   Las obras de todo pecador son como trapos de inmundicia, y aún para el creyente éstas siempre estarán salpicadas del pecado que mora en nosotros.  Las obras que me permiten entrar en el reino de los cielos son las obras del Señor Jesucristo porque él sí cumplió toda justicia en esta tierra.  Mi confianza para entrar entonces no debe depender en mis obras o mi justicia, sino en las obras o la justicia del Señor Jesucristo que es puesta a mi cuenta en el momento que creo en él.  No importa cuánto alarde haga ni cuánta confianza ponga en mis “buenas obras,” éstas me dejarán mudo ante la presencia y la justicia perfecta de un Dios santo hasta lo sumo.  En la parábola, el hombre se quedó mudo—no más ostentación ni auto justificación—y bajo el juicio de Dios, quien ordenó que lo echen a las tinieblas de afuera—al infierno—donde dice que “será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 22:13).  Dios ha hablado claramente diciendo que nuestra entrada al cielo es solamente por fe en el Señor Jesucristo—tanto en su muerte como en su vida de justicia—y no por obras para que nadie se gloríe.  Por lo tanto, él ejecuta su justa ira contra los que insisten en venir a El por sus propios medios, por su propia justicia.  La ira de Dios se revela tanto en esta vida temporal, como lo vimos en el caso del arraso de Jerusalén, así como también en el juicio final echando al que creyó estar vestido de bodas al fuego eterno.    

 

          Llamados, pero no escogidos - Mateo 22:14

          El Señor termina la parábola aseverando, Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.”  Aunque los judíos fueron llamados como nación, la mayoría serían cortados porque no todos eran sus escogidos, en realidad éstos eran pocos.  Esto ellos consideraban blasfemia.  ¡Cómo se atreve a hacer tal declaración!  Ellos, descendientes de Abraham, a quienes Dios les dio las promesas y las Escrituras.  ¡No puede ser!  Dios, sin embargo, es soberano y  “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.  En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, (Efesios 1:4-5, 11).  “(pues no habían [Jacob y Esaú] aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por obras sino por el que llama), se le dijo:  El mayor servirá al menor.  Como está escrito:  A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.  ¿Qué, pues, diremos?  ¿Que hay injusticia en Dios?  En ninguna manera.  Pues a Moisés dice:  Tendré misericordia del que yo tenga misericordia y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”  (Romanos 9:11-16).  Los judíos y los que no son, todos caímos como la hoja (Isaías 64:6b), pero que Dios levante a una en vez de otra, es la pura misericordia de Dios.  El no está obligado a ninguna hoja, todas merecemos ser dejadas en el suelo por nuestra rebeldía e impenitencia.  Todos somos o fuimos—para los que hemos creído—enemigos de Dios (Romanos 5:10).  Si no fuera por su misericordia para escoger a algunos “por el puro afecto de su voluntad,” y sacarnos la ropa vil, y ponernos el vestido de bodas, nadie quedaría en el banquete porque todos somos por naturaleza impenitentes.  Pero la misericordia y la gracia de Dios fueron infinitas, y él pasó junto a mí, me miró, extendió su manto sobre mí y cubrió mi desnudez, me dio juramento y entró en pacto conmigo, y fui suya (Ezequiel 16:8).  Mi reacción sólo puede ser de eterna gratitud y amor hacia Aquel que me escogió, me amó, vivió, y murió por mí.

 

Aplicación

       Mi apreciada lectora, hemos llegado al final de nuestra serie VESTIDO DE BODAS.  Hemos aprendido mucho tanto usted como yo.  Con un par de preguntas, sin embargo, deseo indagar su comprensión solamente de una de las muchas verdades que he tratado de explicar en  esta serie, pero que es vital.  Su salvación o perdición depende del haberse apropiado de ella o no.  Si alguien le preguntara ¿qué debo hacer para estar totalmente segura de que voy a ir al cielo?  ¿Qué le diría usted?  También reflexione en lo siguiente.  Hay muchas actividades (por ejemplo rezar el rosario, asistir a la misa, dar ofrendas, enseñar un estudio bíblico, etc.), personas (un sacerdote, un psicólogo, un maestro de Escuela Dominical, un pastor, una misionera, etc.), o condiciones (solvencia económica, tener el aprecio de otros, sentirse amada, estar casada, tener buena salud, etc.) las cuales nos hacen sentir que hemos alcanzado cierto grado de espiritualidad y por lo tanto nos “sentimos” seguras de que somos salvas.  Cuando éstas están ausentes, sin embargo, no nos “sentimos” seguras de que somos salvas. Llene el espacio en la siguiente oración.  Yo no me siento segura de mi salvación cuando ____________ (por ejemplo, cuando no asisto a la misa, cuando no escucho que el sacerdote me absuelve, cuando el psicólogo no me afirma como una buena persona, cuando no me siento amada, cuando no tengo buena salud, etc.).  Lamentablemente yo no puedo tener un intercambio cara a cara con usted, pero no importa.  Escriba, aunque sea en pocas palabras, lo que usted piensa que debe de decirle a esa persona en cuanto a qué debe hacer para estar segura de que va a ir al cielo, y lo que puso en el espacio, y envíemelos a la siguiente dirección electrónica: regaloinefable@aol.com.  La Escritura nos insta “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.”  (2 Corintios 13:5a).  Mi deseo no es asignarle una mala nota si no contesta bien.  El propósito es de asegurarme de su comprensión y de aclarar ideas que talvez necesitan más explicación.  Sobre todo, mi meta es que ninguna de ustedes tenga una confianza falsa como el hombre de la parábola que fue echado afuera donde “será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 22:13). 

 

          La fecha límite para su contestación es septiembre 2 de 2010.  Si recibiera la correspondencia de alguna de ustedes, procederé a hacer los comentarios pertinentes por esta misma página de Renewing Love para la edificación de todas las lectoras, sin mención de nombre o dirección electrónica.  En el caso que no hubiera respuesta de ninguna lectora para esa fecha, comenzaremos un nuevo estudio de la Palabra de Dios.